Protec

Por: Rubén Carrasco De Lama, presidente del Gremio de Protección de Cultivos (Protec) de la Cámara de Comercio de Lima

(Agraria.pe) Hoy, cuando el mundo se prepara para proveerse de alimentos más sanos y saludables, resulta imperativo trabajar un plan agroexportador que nos permita a largo plazo consolidarnos en la región. Por lo tanto, si pretendemos alcanzar o mantener ese liderazgo, pensando en ser una gran despensa de alimentos en el mundo, deberíamos por un instante volver atrás y aprender de nuestros errores del pasado.

Voy a remontarme al período de los años 1910 a 1950, una etapa del despertar agropecuario. Un período de prósperos agricultores, quienes, emprendieron con el apoyo del estado la formación de asociaciones de agricultores del Perú. En su mayoría  eran de los valles costeros, algunos de la sierra y otros de la selva peruana.

Dichas organizaciones, bien pensadas y planificadas, trajeron en consecuencia una mayor inversión en tecnología, y propiciaron un desarrollo impresionante en nuestra historia. Gracias a la instalación de las estaciones experimentales en casi todo el territorio nacional, acompañadas de especialistas, genetistas y entomólogos de primer nivel se fortalecieron los fundos y las haciendas algodoneras, cañeras, vitivinícolas, entre otras.

Por aquel entonces el Perú iniciaba un período de tecnificación agraria, por citar algunas estaciones: la del valle de Cañete, valle de Ica, liga Agrícola de Piura, valle del Chira, valle de Carabayllo, valle de Huacho, entre otras, irradiando un crecimiento continuo, en el orden del 10% al 15% anual. Tomando como referencia los años de madurez, entre los 50s a los 70s, las agroexportaciones pasaron de US$ 70 millones a US$ 350 millones, representando el 45% del total de las exportaciones peruanas.

Tomando en cuenta que este período de nuestra historia, coincide con el despegue vertiginoso de nuestra pesca, el Perú se convirtió en una potencia exportadora importante en el mundo, sumándose la minería con sus altos precios de los metales en los mercados internacionales.

Sin duda que debajo de este iceberg hubo una serie de factores y esfuerzos conjuntos, tanto de los inversionistas, como del estado, quienes al final, pudieron acceder a líneas de crédito del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo, generando un mayor empleo y, por ende, una mejor calidad de vida en nuestros pobladores del campo.

Luego, de esta etapa brillante de nuestra historia, entramos en un período de retroceso, un período de oscuridad y de letargo para nuestra agricultura, comprendida entre los años 70s hasta los 90s. Se suscitó la Reforma Agraria y este es un hecho que no se puede repetir.

A partir de 1969, el gobierno peruano implementó una serie de medidas, resultado de una Reforma Agraria impuesta y mal aplicada, la cual provocó un gran impacto negativo en nuestro sector. Si quisiéramos tomar un indicador como referencia, creo que serían nuestras agroexportaciones, las mismas que descendieron en forma vertiginosa, pasando de US$ 350 millones a US$ 280 millones anuales durante el período 1968 al 1991 respectivamente.

Y, si tuviéramos que compararnos con nuestros países vecinos, Chile, por ejemplo, aprovechó la coyuntura y emprendió un crecimiento significativo, pasando de US$ 70 millones a US$ 3.200 millones anuales. Ecuador hizo lo propio, pasando de US$ 140 a US$ 650 millones, ambos durante el mismo período 1968 al 1991 respectivamente. (ADEX)

Por lo tanto, al analizar las estadísticas, podemos ver con detenimiento, cómo de la noche a la mañana se pueden perder las inversiones y quebrar un modelo de éxito. De ser un país agroexportador, ejemplo en la región, generador de divisas y de fuentes de trabajo, pasamos a convertirnos en un país del olvido y del deterioro, provocado por un debilitamiento de nuestras instituciones, por la inestabilidad jurídica y económica al modificar la estructura de la propiedad y de la producción de la tierra, que acarreó dicha reforma. Esto nos llevó a una crisis sin precedentes.

Luego de la reforma agraria, en los siguientes años democráticos, nunca se tuvo la voluntad ni la visión de revertir tal situación, sumándose el terrorismo por los años 80s. Es así como recién, a partir de los 90s se plantearon nuevas reglas de juego y por supuesto, se implementaron nuevas leyes que permitieron generar mejores condiciones de inversión y tecnificación a nuestro sector agrícola, permitiendo que actualmente seamos líderes agroexportadores en la región, con más de US$ 6.000 millones anuales y habiendo generado 850 mil puestos de trabajo formal. Este crecimiento tan importante y vertiginoso de nuestra agricultura y de la agroexportación en mucho se debió a la Ley 27360 de Promoción del Sector Agrario.

En consecuencia, las actuales circunstancias acaecidas en nuestro país por la disconformidad del trabajador agroindustrial, respecto a este régimen especial, que han propiciado la derogación de la Ley de Promoción Agraria, revisten de sumo interés para nosotros como gremio de Protección de Cultivos de la Cámara de Comercio de Lima- PROTEC. Por lo tanto, nos sumamos al llamado de los agroexportadores, con la esperanza que se pueda armonizar una ley de promoción que fortalezca los beneficios mutuos del empresario y del trabajador.

Los errores en la política, se originan cuando no se generan espacios de debate técnico y muchas veces por estos errores, es que sufren millones de hombres y mujeres sin culpa.

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